• Cierto día un hombre se presenta en una oficina de empleo, y pide que le asignen trabajo, la oficinista le pregunta qué es lo que sabe hacer y el hombre contesta:
    Llevo 25 años sin trabajar, y la verdad es que me da lo mismo cualquier oficio.
    Bien, bien, tengo aquí un trabajo de albañil.
    El hombre pensó: "Cargar peso, llevar la carretilla, sudar..."
    ¡Oiga, mire, ya le dije que llevo 25 años sin trabajar, ¿No tiene algo más relajado?
    La verdad, tengo aquí un trabajo de camarero, ¿Le interesa?
    "Servir bebidas y no probarlas, lavar vasos, barrer, mover sillas, cargar cajas"
    ¡Oiga y, ¿Algo un poquito más relax?
    Bueno, tengo aquí algo de oficinista.
    "Estar sentado 8 horas, dolor de riñones, fastidiar la vista delante del ordenador, papelones"
    ¡Oiga y, ¿Alguna otra cosa?
    A lo cual contesta la oficinista con tono sarcástico y de agravio,
    Siiii, un trabajo de viajes y sexo.
    Hmmmmm, suena bien, me interesa.
    Perfecto pues, ¡Coja la puerta y a tomar po´l!.




  • Estaban dos obreros platicando y uno le dice al otro:
    Fíjate que hay un hoyo en la carretera, ¿cómo lo tapamos?
    Y el otro le contesta:
    Hacemos otro hoyo a la par y con la tierra que saquemos tapamos ese hoyo.
    ¿Y cómo hacemos para tapar ese hoyo?
    Hacemos otro hoyo a la par y con la tierra que saquemos tapamos ese hoyo y así nos vamos hasta sacarlo del pueblo.




  • A un gitano lo contratan en una obra y, en vez de trabajar se pasaba todo el día silbando. Al segundo día contratan a uno de sus primos y éste molesto de los silbidos le dice:
    ¡Ay! ¡No silbes!
    A lo que el otro le contesta:
    ¡Y tú, sí sirves!



  • Resulta que el patrón de una quinta estaba harto de saber que le robaban maíz en su chaco, hasta que un día, divisa de lejos a su criado, con un costal repleto y le pregunta:
    ¿Qué llevas en ese saco?
    El criado responde:
    Pescao, patroncito.
    ¿Y para qué?
    El criado responde:
    ¡Para hacer tamales!

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