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Fue un esposo modelo y un padre ejemplar. Al oír eso la viuda toma de la mano al niño que está a su lado y le dice: Vamos hijo, nos equivocamos de entierro. El taxista grita, pierde el control del coche, casi choca con un camión, se sube a la acera y se mete en un escaparate haciendo pedazos los vidrios. Por un momento no se oye nada en el taxi, hasta que el taxista dice: -¡Mire amigo, jamás haga eso otra vez! ¡ Casi me mata del susto! El pasajero, impresionado le pide disculpas y le dice: -No pensé que se fuera asustar tanto si le tocaba el hombro. El taxista le dice: -Lo que pasa es que es mi primer día de trabajo como taxista. -¿y que hacía antes? -¡Fui chofer de carroza funeraria durante 25 años! Mis tías solían acercarse a mí en las bodas, dándome golpecitos en las costillas y diciendo: Eres el siguiente... Dejaron de hacerlo cuando yo empecé a hacer lo mismo, en los funerales. Cuando Pablo murió, Javier le entregó al pastor un cuantioso cheque para que mandara a construir un nuevo templo a todo lujo. Sólo le pongo una condición, le aclaró en tono despótico: Que en el oficio fúnebre diga que mi hermano era un santo. El pastor accedió y depositó el cheque en el banco. En la ceremonia fúnebre, subió al pulpito y declaró. Pablo era un hombre malvado, que engañaba a su mujer, y traicionaba a sus amigos, pero comparado con Javier, era un santo.
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